El fotógrafo que permitió identificar al agresor de Pablo Grillo fue despedido por el Gobierno
Después de más de 10 años en la Secretaría de Cultura de la Nación, Kaiolan Santos Cabrera fue despedido.
Sus registros fotográficos fueron claves para el esclarecimiento de la agresión a Pablo Grillo
Luego de que se hicieran virales las imágenes que permitieron verificar el brutal accionar de la policía en la represión ejercida el miércoles 12 de marzo, el gobierno de Javier Milei tomó la decisión de despedir de la Secretaría de Cultura al fotógrafo que tomó las fotos que permitieron identificar al causante del disparo que recibió Pablo Grillo.
El fotógrafo, cuyo nombre es Kaloian Santos Cabrera, formaba parte desde hace más de 10 años de la Secretaría de Cultura de la Nación. Sin embargo, este miércoles 2 de abril, en otra fecha relacionada con la memoria, Cabrera fue despedido en lo que se constituye como un grave hecho de persecución, ya que fue el único al que no se le renovó el contrato. De hecho, el propio Kaloian declaró "Fue una reducción de personal personalizada, pues fui el único de toda el área de prensa desafectado de mis funciones".
El propio Santos Cabrera aclara que la incertidumbre sobre su continuidad es algo que se sostiene desde principios de año cuando su contrato "debía renovarse por un año tras aprobar el examen de idoneidad, pero sorpresivamente, solo me lo renovaron por tres meses. Reclamé y, entre idas y vueltas, desde recursos humanos asumieron que fue un error de ellos. Me aseguraron que, en abril, mi contrato se renovaría automáticamente hasta diciembre. Sin embargo, el lunes pasado, 31 de marzo, Directora de Comunicación de la Secretaría de Cultura de la Nación, María José Pérez Insúa, me llamó cordialmente para anunciarme que, 'desde arriba', le llegó la orden de no renovar mi contrato debido a una 'reducción de personal'".
Como suele suceder en diferentes trabajadores de prensa, el fotógrafo tiene otros trabajos fuera de su horario laboral. Es en ese momento en el que oficia de fotógrafo en manifestaciones y brinda cobertura en las marchas. Este accionar, sin embargo, según el propio Pablo es el motivo de la persecución que denuncia. Además, afirma que él "Sabía que esto podía ocurrir con este gobierno y no me arrepiento. Mi trabajo en el ministerio fue impecable, con un sentido de pertenencia labrado a lo largo de más de una década, sin importar quién fuera el gobierno de turno. De todo eso y de poder mostrar la realidad a través de mi cámara en la calle, me siento profundamente orgulloso"
La notificación de despido
Santos Cabrera difundió en diversos medios y redes sociales el mensaje a través del cual, en horas de la noche, le notificaron su desvinculación de la Secretaría de Cultura de la Nación. La notificación es la siguiente:
*Estimado/a,*
Me dirijo a usted a efectos de notificar que su contrato no será renovado a partir del 1° de abril de 2025.
Asimismo, se le comunica que queda eximido/a de prestar servicios a partir del día lunes 31 de marzo del corriente.
*QUEDA USTED DEBIDAMENTE NOTIFICADO/A.*
Secretaría de Cultura.
Ministerio de Capital Humano.
Presidencia de la Nación.
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El descargo de Kaiolan Santos
Así, en mayúsculas, como quien grita desaforadamente, resonaba lapidariamente la última frase: QUEDA USTED DEBIDAMENTE NOTIFICADO/A. Como un flashback, viajaron por mi cabeza los 13 años que pasé en el Ministerio de Cultura de la Nación como fotógrafo. Las cientos de miles de fotografías que tomé desde la Antártida hasta la Quiaca, registrando y cubriendo la identidad cultural de un país que un día, hace justo 15 años, me adoptó como uno más de sus hijos, sin pedir nada a cambio. ¡Qué privilegio! Por eso siempre agradezco y honro a esta nación.
Aparecieron también en ese vertiginoso vuelo por mi mente las caras de la gente linda, compañera, profesional y abnegada, que me enseñaron el valor del Estado y la responsabilidad de ser un trabajador estatal, de formar parte de quienes sostienen, con su trabajo diario, esta patria. Todo eso y más tejieron un amor y sentido de pertenencia hacia mi lugar de trabajo en el sector estatal, en la cultura, y me enseñaron que debía ser cada vez mejor como ser humano y como profesional. Que no importaba el tinte político de quienes ocuparan el sillón de Rivadavia porque, precisamente, el Estado es por y para el pueblo. Y así, sobreviví a lo largo de cuatro gestiones de contrastados colores e ideologías, hasta llegar a ser uno de los miles de despedidos del gobierno de Javier Milei.
Durante estos 13 años trabajé como fotógrafo contratado en el área de prensa de Cultura, siempre como monotributista. Además, como todos los trabajadores de prensa y fotoperiodistas, tengo colaboraciones freelance en varios medios, pues ya sabemos de la precariedad de nuestro sueldo. A través de mis redes, siempre mostré mi trabajo fotoperiodístico, cubriendo marchas y otros sucesos en el país.
Cuando asumió este gobierno, sabía que mi puesto en Cultura podía estar en riesgo. Pensé incluso en dejar de publicar mis fotos o en hacerlo bajo seudónimo, pero finalmente decidí seguir siendo fiel a mi nombre y a mi carrera como fotoperiodista. Además, no había conflicto con mis tareas en el ministerio. Incluso, a pesar de los despidos masivos de 2023 y principios de 2024, nunca aparecí en esas listas. Sobre todo porque no tenían argumentos para señalarme, ya que mi desempeño dentro del ministerio era incluso reconocido por las propias autoridades.
En enero de 2024, mi contrato debía renovarse por un año tras aprobar el examen de idoneidad, pero sorpresivamente, solo me lo renovaron por tres meses. Reclamé y, entre idas y vueltas, desde recursos humanos asumieron que fue un error de ellos. Me aseguraron que, en abril, mi contrato se renovaría automáticamente hasta diciembre. Sin embargo, el lunes pasado, 31 de marzo, Directora de Comunicación de la Secretaría de Cultura de la Nación, María José Pérez Insúa, me llamó cordialmente para anunciarme que, “desde arriba”, le llegó la orden de no renovar mi contrato debido a una "reducción de personal". Curioso, ya que fue una reducción de personal personalizada, pues fui el único de toda el área de prensa desafectado de mis funciones.
Desde el sindicato (ATE) se reunieron con la funcionaria, quien reafirmó que las órdenes venían "de más arriba" y que ella no podía hacer nada. Paradójicamente, incluso ella les dijo que había manifestado buenas referencias sobre mi desempeño a los de Recursos Humanos. Sin embargo, le respondieron que mi caso era irreversible.
Aunque no lo asuman, todo esto se debe a mis coberturas fotoperiodísticas, a que mis fotos de las marchas, los jubilados y la represión comenzaron a circular y ser compartidas. También a mi serie de dípticos "De qué lado de la mecha te encontrás". Y, puntualmente, como la gota que rebalsó el vaso, la foto que tomé durante la represión del 12 de marzo, cuando un gendarme disparó a Pablo Grillo. Gracias a esa foto y otras de varios colegas, el Mapa de la Policía pudo identificar al efectivo.
Sabía que esto podía ocurrir con este gobierno y no me arrepiento. Mi trabajo en el ministerio fue impecable, con un sentido de pertenencia labrado a lo largo de más de una década, sin importar quién fuera el gobierno de turno. De todo eso y de poder mostrar la realidad a través de mi cámara en la calle, me siento profundamente orgulloso. Como canta mi querido Silvio: