Sífilis en aumento: los casos se cuadruplicaron en cuatro años
La tasa nacional creció fuertemente entre 2021 y 2025. El 76% de los diagnósticos corresponde a personas de entre 15 y 39 años y la mayoría de los casos no presenta síntomas.
En la era de la hiperinformación, en 2025 se notificaron más de 46.000 casos de sífilis en la Argentina. La falta de diálogo entre los adolescentes con sus padres sobre sexualidad y las falsas creencias sobre el uso de preservativos entre los jóvenes son las razones de su crecimiento. Se trata de una infección causada por la bacteria Treponema pallidum, que se transmite por contacto sexual. En su etapa inicial puede manifestarse con una llaga conocida como chancro en los genitales, el ano o la boca, que no suele causar dolor. Puede transmitirse al bebé durante el embarazo o el parto. Durante la lactancia, el riesgo existe si el bebé entra en contacto con una lesión en la mama y no por la leche materna.
La baja percepción del riesgo de las infecciones de transmisión sexual (ITS), la poca educación sexual integral (ESI) en las escuelas y las dificultades de acceso o la reticencia al testeo, favorecen su propagación. Según el Boletín Epidemiológico Nacional, la tasa de incidencia fue de 117,2 casos por cada 100.000 habitantes.
La ginecóloga María Daniela Faranna explica que entre los factores que pueden aumentar el riesgo se encuentran las prácticas sexuales sin protección, el consumo de alcohol y otras sustancias que reducen las inhibiciones, y la falta de estrategias de prevención. “Los anticonceptivos hoy en día son muy eficaces y nos protegen del embarazo, pero no de las enfermedades de transmisión sexual (ITS). Por eso tenemos que volver a hablar de ‘doble protección’: un método anticonceptivo eficaz cuando se necesita prevenir el embarazo y preservativo para reducir el riesgo de ITS. Es necesario normalizar el testeo: no esperar a tener síntomas para consultar”.
Contagio inmediato
Faranna remarca que tratar solamente a una persona —en el caso de una pareja— puede eliminar la infección en ella, pero no necesariamente interrumpir la cadena de transmisión. “Si una pareja tiene sífilis y no es evaluada y tratada cuando corresponde, puede continuar transmitiéndola y, además, reinfectar a la persona que ya fue correctamente tratada”, asegura.
La sífilis puede transmitirse en relaciones vaginales, anales y también orales. Faranna advierte sobre el riesgo de pensar que, si no vemos una lesión, no existe posibilidad de transmisión. “El chancro puede ser pequeño, indoloro o estar en un lugar difícil de observar, como la vagina, el ano o la boca. También es falso que una persona que ya tuvo sífilis quede inmunizada: puede volver a infectarse”.
Las tasas son especialmente altas entre los 20 y los 29 años y considerablemente mayores en mujeres de ese grupo. El hecho de que haya más diagnósticos en mujeres jóvenes no significa que sean biológicamente más susceptibles. “Ellas tienen más oportunidades de contacto con el sistema de salud reproductiva: controles ginecológicos, anticoncepción y controles durante el embarazo, donde el testeo de sífilis forma parte de la atención. Eso puede aumentar la detección respecto de los varones”, explica Faranna.
Existen creencias, mitos y prejuicios que dificultan la prevención. Patricio Gómez Di Leiva, psicólogo y sexólogo, asegura que una persona puede verse muy saludable y tener una infección de transmisión sexual, incluso sin saberlo. “La idea de que con la pareja no tienen que usar preservativo, hay que repensarla. En una pareja en la que hay un acuerdo de exclusividad sexual tiene sentido pensar que el preservativo no es necesario, pero ¿quién puede asegurar que ese acuerdo se esté respetando? Estar en pareja no elimina la responsabilidad personal. Podemos confiar en el otro, tener acuerdos y cuidarnos mutuamente. Pero, cuando se trata de la salud sexual, la responsabilidad última es de uno mismo”.
El especialista cree que hay que erotizar el preservativo y sumarlo al encuentro como un aliado. Propone incorporarlo como algo natural y plantearse, de antemano, si su uso es negociable. “No es algo que tengo que pensar y decidir en el momento. Si decidimos tener relaciones sin preservativo, sabemos que hay ciertos riesgos que aumentan. Un encuentro sexual en sí mismo implica un riesgo, pero cada uno tiene que elegir responsablemente qué riesgos está dispuesto a correr”, sostiene Gómez Di Leiva.
También sugiere que la conversación sobre el testeo sea previa al momento de intimidad. Un resultado negativo no garantiza por sí solo la ausencia de una infección: hay que tener en cuenta los períodos de ventana y las posibles exposiciones entre el testeo y el encuentro.
A Maitén Sanguinetti, antropóloga, le llaman la atención las edades de mayor incidencia. “El hecho de que ocurra entre personas de 15 y 39 años y que el pico se registre a los 20 da cuenta de que abarca a una generación entera. Estamos frente a una generación que se formó con las escuelas cerradas en pandemia”.
Responsabilidad cero
Sanguinetti observa una cadena de ausencias: un Estado que se retira, una escuela que se queda sin respaldo y docentes que prefieren no involucrarse porque algunas familias no quieren que se “metan” con sus hijos. “En ese hueco, parece que entraron las redes sociales”.
Entonces quedan adolescentes a la deriva, con más dudas que certezas, que no les preguntan a sus padres por vergüenza, algo muy típico de la adolescencia. Si en casa no se habla de estos temas y en la escuela tampoco, es mucho más fácil entrar a una red social, como TikTok, y encontrar una respuesta en un minuto, sin sentirse juzgados ni expuestos. Es el conflicto de siempre, pero ahora los jóvenes tienen una forma de resolverlo a mano.
Para Sanguinetti, el problema es que esa respuesta llega sin que nadie los conozca y sin un adulto que les diga: “Andá, hacete un control”. Falta la responsabilidad del acompañamiento. “La ruptura más grande que vemos hoy es la de los lazos. Antes, la información sobre el cuidado circulaba entre personas y generaciones: tíos, maestras, amigas más grandes. Los propios jóvenes tenían muchos más encuentros físicos. Hoy, esa información circula entre pares a través de redes sociales, donde todos saben más o menos lo mismo, repiten lo que escuchan y reciben contenidos mediados por los algoritmos”.