sábado 7 de noviembre de 2026
Editorial

La tentación de la grieta

Hace 39 años que un pontífice no pisa suelo argentino. La última visita fue la de Juan Pablo II, en abril de 1987, y Francisco, el papa argentino, nunca regresó al país durante su pontificado. Esa ausencia prolongada explica, en parte, la magnitud de la expectativa que despierta la llegada de León XIV, que estará en la Argentina del 8 al 11 de noviembre.

La importancia del acontecimiento excede largamente al segmento de la población que se reconoce como católica. Un Papa es, además de la cabeza de una Iglesia con millones de fieles en el país, una de las voces morales de mayor influencia global, y su paso por la Argentina convoca a creyentes y no creyentes, a oficialistas y opositores.

En torno a esa expectativa se han ido delineando posiciones encontradas respecto del contenido de sus mensajes. El Gobierno, que celebró con entusiasmo la confirmación del viaje y lo calificó de “histórico para todos los argentinos”, confía en que las palabras del Papa no se detengan en la realidad social del país, o que lo hagan apenas en términos generales. Los sectores opositores, en cambio, abrigan la esperanza de que León XIV denuncie con claridad la situación que atraviesan los sectores más vulnerables como consecuencia de las políticas libertarias, o que se refiera, incluso, a la política global y a sus tensiones.

Es probable, sin embargo, que ni unos ni otros vean plenamente satisfechas sus expectativas. La visita estará marcada por un doble eje que, lejos de ser contradictorio, unifica la misión eclesial con la vida cotidiana del pueblo. Por un lado, las celebraciones litúrgicas y los encuentros con la comunidad de la Iglesia estarán centrados en la tarea evangelizadora: el llamado a la conversión interior, a la esperanza comunitaria y a la profundización de la fe cristiana.

La visita del Papa León XIV no debería analizarse en el contexto de una grieta política que ya ha contaminado demasiados ámbitos de la vida pública. La visita del Papa León XIV no debería analizarse en el contexto de una grieta política que ya ha contaminado demasiados ámbitos de la vida pública.

Pero esa prédica espiritual resulta inseparable de la doctrina social de la Iglesia. Sus intervenciones incluirán, con toda probabilidad, alusiones concretas al contexto socioeconómico actual, la dignidad del trabajo, la importancia de la educación, las desigualdades que se profundizan en las sociedades contemporáneas.

En ese marco, el mensaje pontificio reafirmará con firmeza la histórica “opción preferencial por los pobres”. La Iglesia, desde el papado de Francisco, concibe la evangelización como un compromiso transformador con los sectores más vulnerables, que implica acompañarlos, escucharlos y reclamar, para ellos, condiciones de vida dignas.

De modo que la visita no debería analizarse en el contexto de una grieta política que ya ha contaminado demasiados ámbitos de la vida pública. Hacerlo implicaría empobrecer su sentido y reducir a una disputa de facciones un hecho que reviste una dimensión espiritual, cultural y social mucho más amplia. León XIV llega con un mensaje de esperanza para los católicos y para los cristianos en general, y con una prédica firme contra la injusticia y las desigualdades.

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