Candidata. La UCR porteña postula para la legislatura a la dirigente estudiantil Lucille Levy.
En la crisis del sistema político del área metropolitana que traduce la balcanizada escena electoral de la Ciudad de Buenos Aires, se destaca la descomposición de una Unión Cívica Radical que, encorsetada en el ámbito universitario, tiene en el control de los centros de estudiantes sus batallas más significativas.
Para no exponer a Martín Lousteau, que en octubre pretende jugar su reelección como senador nacional, el frente Evolución postuló a la cabeza de la lista para la Legislatura porteña a la joven Lucille Levy. La candidata se desempeñó como presidenta de la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA) entre 2021 y 2024, en una carrera que incluyó la presidencia de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. Responde al vicerrector de esa casa de altos estudios, el ex diputado nacional Emiliano Yacobitti.
Aunque Lousteau encarna la esperanza del radicalismo porteño, que consiguió encumbrarlo a la Presidencia del Comité Nacional, sus precedentes partidarios son más bien nulos. Recaló en la UCR después de una trayectoria que inició como ministro de Economía de Cristina Fernández de Kirchner, cargo del que fue eyectado después de inventar las célebres retenciones móviles de la 125 que detonaron la guerra con el campo.
Que los radicales de CABA tuvieran que esconderse detrás de un forastero para sostener alguna expectativa era indicativo de la agonía. Que les resulte tan indispensable para la pulseada por las bancas del Congreso como para evitar arriesgarlo en la elección distrital afirmó la decadente imagen. Que para reemplazarlo no tengan más que una dirigente estudiantil universitaria, independientemente de sus méritos, ya habilita pensar en un derrumbe terminal.
¿Qué será del radicalismo el día que pierda las universidades?
Cierto es que hay gobernadores que se referencian en el sello partidario, pero son fenómenos provinciales aislados, cuyas eventuales proyecciones no están ligadas a la identidad partidaria. Y todos le dieron la espalda a la presidencia ejercida por Lousteau.
La UCR ha perdido todo atractivo como generadora de un proyecto de poder, carece del insumo principal para eso: la expectativa. Este turno de CABA lo muestra con toda crudeza: la apuesta en tal sentido se asienta en proyectar alguna figura desde los estrados académicos porque por fuera de ellos hay un desierto de indiferencia.
La UBA es el único nervio todavía vivo de la UCR metropolitana, que respira solo porque para participar de elecciones es necesario contar con sellos partidarios. Se ha desconectado de la sociedad, retrocede hacia la defensa de canonjías cada vez más chicas, cada vez más mezquinas. Sus dirigentes y militantes desertan hacia espacios más promisorios.
Las chances de obtener resultados satisfactorios en la competencia porteña son muy inciertas y para colmo, entre las peleas intestinas de los libertarios y el enfrentamiento con el PRO de Macri, podría filtrarse con un triunfo Leandro Santoro, que juega hace años con el kirchnerismo pero tiene raíces alfonsinistas.
También en Catamarca se manifiesta la crisis terminal. La unidad cerrada por los capitostes para evitar que les contaran las costillas en las urnas es aprovechada por dirigentes del interior para tratar de reposicionarse desde la disidencia. Un grupo de mujeres metió el cuchillo aprovechando un error lastimoso: la lista de unidad no contempla el cupo femenino.
En el fondo, el trabajo de los dirigentes del radicalismo es de orden más administrativo que político. Tiende a controlar el sello para negociarlo con proyectos que se forjen afuera.
El interés mayor está en la pelea por el Rectorado de la UNCA, que enfrenta al rector Oscar Arellano y al senador nacional Flavio Fama, exrector a su vez. La contienda se definirá antes de octubre. De allí, como de la UBA, vendrán los anabólicos para intentar suplir las fragilidades del partido.